Versión libre

Cuando mueras te vas a acostar,
no te van a extrañar al final
ni va a haber más recuerdo de vos,
Macedonias las rosas perdiste
vagarás por la casa de Hades
por cadáveres tenues rondando.

Reflexiones sobre los procesos estéticos: modos de expresión

¿Cuál es la diferencia entre escribir “esa casa es verde” y componer un poema para hablar sobre el color de una casa en particular? En principio uno puede arriesgarse a decir que la primera frase es, por su modo, simplemente un enunciado comunicativo, y que la composición poética es una creación artística, y que por su naturaleza tiene algún fin más que la comunicación.
Cuando nos preguntamos entonces cuál es el otro fin, que a priori no suele estar explícito en el poema, caemos sobre algunos conceptos: la belleza por la belleza en sí, la búsqueda del placer, la poetización de cosas banales, la expresión afectiva, la expresión de un deseo u opinión, una intención de convencer o muchas otras cosas.
Sin embargo, todos estos fines nombrados, que son fácilmente reconocibles muchas veces, no parecen ser sino una antesala del fin real de una composición poética. Cosa que podemos inferir de los procesos de la creación estética.
Retomemos de nuevo con lo que empezamos para ver bien este punto. Cuando yo digo “esa casa es verde” a secas, como puede leerse aislada del resto, cada palabra tiene un valor semántico. Y no solo encierran valor semántico en sí las palabras sino también la posición, la manera en la que son escritas, los signos sintácticos que las acompañen, los espacios que separen las palabras y en especial, el respeto por la norma. Por ejemplo: si digo en cambio, “esa verde es casa” en un contexto totalmente ajeno a la frase anterior, alguno podrá pensar que deliro. Otro sin embargo podrá pensar que me estoy adhiriendo con dudosas intenciones a un recurso poético que consiste el alterar las palabras de su lugar correspondiente, algo así como una metátesis sintáctica. Sin complicarnos demasiado y como ejercicio a simple vista podemos ver que no son exactamente iguales las frases: “es verde esa casa”, “esa verde casa es”, “verde es esa casa” “es verde casa esa”. Y no solo por el orden de las palabras sino que, y podemos arriesgar ya una hipótesis, también por el sentido que producen que les da la inserción en una tradición metapoética.
Hagamos otro experimento: Supongamos una situación teórica en la que no ha sido escrito ningún libro con anterioridad, o mejor, nunca ha sido formulada una frase antes. Aún así supongamos también que las palabras guardan en sí mismas el valor de su significado y que han sido descriptas de alguna manera la leyes gramaticales y sintácticas que rigen una lengua. ¿Habría alguna diferencia entonces entre las frases antes mencionadas (de las casas)? Me atrevo a suponer que no. Pero sin duda quedaría claro para cualquier oyente, que sabe que esa idea puede expresarse con una cantidad numerosa de variables, que la persona que dijo la frase tomó una decisión al expresarla, entre varias opciones.
Con esta idea en mente retomemos un poco lo dicho antes. La norma que define y da sentido al tejido morfosintáctico de una lengua no es rígida, o mejor, contempla que el hablante es un ser con voluntad que puede expresar más allá de una idea abstracta, un fragmento de subjetividad. Por que en teoría y a fines comunicativos no hay diferencia en decir “esa casa es verde” a “esa casa verde es” si uno no se inscribe en una tradición poética.
Entonces, volvamos a preguntar, ¿Cuál es la diferencia entre un poema que describa una casa verde y decir “esa casa es verde? En términos de modo podemos decir que es mucha la diferencia, porque una construcción es sumamente paratáctica y la otra no necesariamente. Pero en cuanto al fin de la composición, luego de nuestra reflexión, podemos aventurar que no hay tanta diferencia como pensamos más arriba. Y si somos atrevidos podemos suponer incluso que, no estamos siendo quisquillosos al encontrarle sentido a una frase tan pragmática a simple vista como “esa casa es verde”, sino que la construcción o variación semántica está implícita en cualquier manifestación de la lengua.
Ahora bien, me dirás ¿Qué tiene que ver esto con la estética, o la belleza? En mi opinión bastante. Aunque creo que eso podemos verlo más tarde.

Mi confesora

Si pensás que te mentí

Cuando dije que te quise

Capaz que podés dudar.

Pero no dudes si digo

Que al revés llueve en las sierras,

Que traviesas unas gotas

Huyen cuando huyen tus ojos

Del horizonte callado

De mis cálidas pupilas,

Que el aire prueban los labios

Donde hace casa tu nuca

Y un ruego triste destilan

Mis yemas desesperadas.

Pero si querés pensá

Que mentí cuando te dije

Dudoso, que te quería.

Mientras les miento

Memorizo tu cara

Memorizo tus gestos

El perfil de tu sombra

El retazo del aire

Que brotó de tu aroma

Memorizo tu boca

Memorizo tus manos

Suave marca en tu mano

Lienzo silencioso

De mis uñas

Memorizo tu voz

Memorizo tu ceño

Reflejo profano del cielo

Lo que siento

Cuando te veo

Faltan palabras

Sos como La luz 

Cuando hace frío 

del farol el foco 

no tengo reparo 
Cuando ansío el sol

Se hielan los huesos

Siento que tocas

Y quiero calor
Pero la luz es fría

Y es extraño el sol

Del lugar desierto

Pero igual te quiero